La Auto-Observación I: La Atención Consciente

Por Álvaro González

En el Camino del Autoconocimiento es imprescindible cultivar la Atención Consciente, ya que el único capital que tenemos, como veremos ahora, es la Atención. Con ella viene todo lo demás.

La Auto-Observación es una facultad de la Conciencia. No es una práctica como tal, pero debido a que la Conciencia está dormida y, por tanto, nuestra atención dispersa, es necesario “entrenar” esta y otras facultades, como la inspiración y la intuición. Tal entrenamiento —aunque ciertamente no lo es—, puede realizarse con la práctica de la Meditación.

La Auto-Observación consta de tres pasos: la Atención Consciente, el Íntimo Recuerdo de Sí, y la Auto-Observación propiamente dicha. Vamos a describir en qué consiste cada una de ellas.

La Atención Consciente 

Antes de definir la Atención Consciente, consideramos necesario hacer un comentario sobre el ahora archiconocido término Mindfulness que ahora se usa para es necesario clarificar algunas ideas erróneas que se tienen al respecto.

La idea de Mindfulness (atención o conciencia plena) aparece en los años 70 con las investigaciones del médico Jon Kabat-Zinn, basándose en las enseñanzas recibidas del budismo y el yoga, e integrándolas con la ciencia occidental para así desarrollar técnicas que permitieran ser usadas en terapias de distinta índole.

Mindfulness está fundamentado en el concepto de sati (de la lengua pali) o conciencia pura –traducido en Occidente como atención plena-, el cual hace referencia al estado de total conciencia en el que percibimos y experimentamos más allá de las formas físicas y mentales, alcanzando a vivenciar la realidad tal y como es. Sin embargo, debido a la mala interpretación que se hace de las filosofías antiguas por parte de los occidentales y la conversión de éstas a nuestra civilización, la idea de Mindfulness dista de asemejarse a la idea original de sati.

Por este motivo, a Mindfulness, en lugar de nombrarlo en castellano atención plena como suele hacerse, he visto necesario cambiarlo a Atención Consciente, porque la idea que tenemos de Mindfulness se acerca más a la Atención Consciente del instante presente en lugar de Conciencia Pura o sati como es definida en el antiguo budismo e hinduismo.

Una vez hechos los comentarios pertinentes para reasentar la idea de Atención Consciente, pasemos a su definición.

La Atención

Para comprender qué es la Atención Consciente, en primer lugar hemos de saber qué es la atención.

Boris Mouravieff, en su obra Gnosis, tomo I, escribe:

[…] El trabajo esotérico exige esfuerzos continuos de análisis y de síntesis, destinados a crear y a consolidar cada grano de éxito que podamos cosechar en la marcha hacia y sobre el Camino. Porque las influencias que la vida -ese gran camino- ejerce constantemente sobre nosotros están entremezcladas y la corrupción tiene allí su parte. Para elegir disponemos de un cierto bagaje, de una cierta libertad de acción y de una fuerza que nos permite cumplir ese trabajo de selección. Esta fuerza es la atención. La atención es el único capital que poseemos. Pero podemos utilizarlo de buena o de mala manera. A menudo no podemos decir ni que la utilizamos: la dejamos dispersarse.

La atención es «tender un puente hacia». Es la funcionalidad que nos permite interactuar con el mundo, tanto interior como exterior –que, en síntesis, son el mismo mundo-. La atención inconsciente, mecánica (del ego), es dispersa: va de un lado a otro sin que nosotros tengamos control consciente de ella. La atención se dirige hacia aquello que es de nuestro interés, pero ya que la atención, generalmente, es tomada por el ego, es dirigida hacia sus propios intereses.

Por ejemplo, cuando nuestra atención está siendo usurpada por el ego de la ira, nuestra interacción-atención con nosotros mismos, los demás y el entorno será dirigida por la ira, y es así como tendrá rienda suelta para manifestarse. Es decir, que cedemos a los egos nuestra atención que, como decía Mouravieff, es el único capital que poseemos y, por tanto, el más precioso. Así entonces, una pregunta importante que nos abre al campo de la auto-revisión y la revalorización de nuestros valores y prioridades en la vida, es la siguiente: ¿A qué atiendo en el día a día? Aquello a lo que atendemos es un reflejo de nuestra interioridad. Somos a lo que atendemos.

La Atención y la interacción con el mundo

El físico cuántico Vladko Vedral, en su obra Descodificando la realidad, escribe:

El contenido de información de algo no reside en el propio objeto, sino que es una propiedad relacional del objeto en conexión con el resto del Universo.”

Lo manifestado en la realidad –los objetos, los seres- no contiene información por sí mismo, sino que genera y contiene información cuando interactúa con otras manifestaciones. Todo lo creado existe porque interactúa. En definitiva, todo lo que existe está interrelacionado, y es en ésa interrelación en donde se encuentra la información, y no en los objetos o seres como tales. Desde nuestro plano,  ¿cuál es el puente que nos interconecta a todo lo demás? La atención.

Es el modo en cómo atendemos y actuamos ante las circunstancias lo que determina la calidad vibratoria y consciente de nuestras experiencias. Las circunstancias, como ya ha sido comentado, son neutras. Somos nosotros los que le damos una u otra intensidad. Aquí nos planteamos otra cuestión: ¿Cuál es la calidad de mi relación conmigo mismo, las demás personas, y el entorno en el que vivo? Es en la Atención Consciente en donde comienza a gestarse una recalificación de la calidad de nuestras experiencias.

La Atención Consciente es focalizar nuestra atención en el Aquí y el Ahora. Generalmente nuestras atenciones son dispersas e inconscientes. Nos aferramos con facilidad a los pensamientos concernientes al futuro y al pasado, atendemos a nuestras fantasías y proyecciones psicológicas que condicionan nuestra forma de percibir e interactuar, etc. Nuestra atención no es consciente en el momento en que vivimos arraigados a una única forma de experimentar la vida.

Generalmente, estando tan acostumbrados a vivir sumergidos en los estados psicológicos que recreamos en el día a día, todo se convierte en rutina. La vida nunca es rutinaria: somos nosotros, psicológicamente, que la volvemos en algo parco en riqueza, lo suficiente para, como se dice coloquialmente, “ir tirando”. En ésa rutina auto-creada, toda cosa toma el mismo color e intensidad: las personas, las circunstancias, etc.

Siempre creemos que somos la misma persona –la auto-imagen-; percibimos nuestra casa siempre de la misma forma, y lo mismo sucede con las personas y las circunstancias cotidianas.

La práctica de la Clave de Sol es un modo inmediato de ubicarse en el aquí y el ahora:

S: Sujeto. ¿Quién soy?

O: Objeto. ¿Qué sucede?

L: Lugar. ¿Dónde estoy?

Cuando nos ubicamos conscientemente en este preciso momento, sin las clásicas divagaciones psicológicas a las que estamos acostumbrados, comienza a clarificarse la experiencia del presente. Es un discernimiento constatador: empiezo a reconocer con claridad la calidad del momento, más allá de mis propias proyecciones. Comienzo a tomar distancia de ellas, y reconozco el estado psicológico que condiciona mi percepción. Sé dónde estoy.

En el momento en que atendemos conscientemente, reaparece la capacidad de asombro ante el instante presente. Al igual que un niño que, en su innato afán por el aprendizaje, se sorprende de lo nuevo constantemente, nosotros, ubicados en la Atención Consciente, percibimos lo nuevo que nos ofrece el instante presente. Puede ser un “nuevo” matiz en el modo de hablar de una persona conocida, un detalle “diferente” en los objetos del dormitorio, una forma, en general, de percibir las cosas, más amplia que antes de comenzar a atender conscientemente. Con la suficiente Atención nos cercioramos de que no había un nuevo matiz, ni algo diferente: siempre estuvo ahí, solamente es que no lo habíamos percibido de aquella manera tan amplia, clara, diáfana. Todo comienza a tomar una mayor presencia y, de este modo, nos damos cuenta de la pobreza con la que utilizamos nuestra atención.

Es necesario señalar que el “aquí y ahora” no es un “aquí” espacial y un “ahora” temporal. Cuando hablo  del “aquí y ahora”, me refiero a un Aquí transespacial y un Ahora transtemporal, que trasciende las formas y el correr del tiempo. Cuando experimentamos tal trascendencia, que va mucho más allá de poner atención durante un lapso de tiempo “x” en un lugar “x”, estamos transitando hacia el segundo paso de la Auto-Observación: el Íntimo Recuerdo de Sí.

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