La Auto-Observación (y III)

Por Álvaro González

La Auto-Observación es una facultad de la Conciencia. Entonces, no es una práctica en sí. Más bien, La Auto-Observación natural viene con la ubicación en el Recuerdo de Sí. Antes de pensar en auto-observarse, es más importante el estado auto-consciente.

Identificación o confluencia psicológica: Constatar la coexistencia

Si nos disponemos a auto-observarnos y juzgamos y catalogamos tal o cual estado psicológico o situación con nuestras comunes varas de medir, no es Auto-Observación, sino la continuidad del estado psicológico que ha tomado el intento de auto-observarse convirtiéndolo en una entelequia –en su acepción común, es decir, cosa irreal que puede parecer cierta pero no lo es-.

La Auto-Observación implica imparcialidad. Para que pueda haber imparcialidad tiene que haber un mínimo de dos elementos: en este caso, un elemento es el ego y el otro la Conciencia. De nuevo vemos la importancia de ubicarse en el Recuerdo de Sí: si no estamos en el estado consciente, no puede haber imparcialidad, ya que solo obraríamos con el ego desde el ego.

Cuando Auto-Observamos contemplamos el modo en que nos identificamos con los estados del ego y de cómo este es múltiple y cambiante en todo momento. Vemos lo repetitivos que somos y cómo caemos en las mismas pautas egoicas una y otra vez. Empezamos a percibirlo como una película y la teatralización que hacemos de la vida.

Separación psicológica: Observador y observado

Para comprender qué es la separación psicológica, veamos el ejemplo que nos brinda el Maestro Sufí Ibn Al’Arabi:

Tomemos un ejemplo: Supongamos que no sabes que tu nombre es Mahmûd o que debes ser llamado Mahmûd -porque el verdadero nombre y el que lo lleva son, en realidad, idénticos-. Te imaginas que te llamas Muhammad, mas después de algún tiempo de vivir en el error, terminas por saber que eres Mahmûd y que jamás has sido Muhammad. Tu existencia continúa igual, sin verse afectada por el hecho de que el nombre Muhammad ha sido sacado de ti. Lo que ocurre es que has sabido que eres Mahmûd y que jamás fuiste Muhammad. Pero tú no has dejado de ser Muhammad por la extinción de ti mismo, ya que dejar de existir (fanâ) supone la afirmación de una existencia anterior. Mas el que afirma una existencia fuera de Él, le otorga un asociado -¡que Él sea bendito y que Su Nombre sea exaltado!-. En este ejemplo, Mahmûd no ha perdido jamás nada. Muhammad jamás ha “respirado” (nafasa) en Mahmûd, jamás ha entrado en él o salido de él. Igual ocurre con Mahmûd, con relación a Muhammad. Tan pronto como Mahmûd ha conocido que él es Mahmûd y no Muhammad, se ha conocido a sí-mismo, es decir, ha conocido su “proprium” y esto por sí mismo y no por Muhammad. Este último no ha existido jamás y ¿cómo podría informar sobre alguna cosa? [Muhammad es el Ego, Mahmûd el Ser]

El Recuerdo de Sí en la Auto-Observación nos proporciona la amplia visión de lo que somos y lo que no somos. De estar plenamente identificados con el ego, pasamos, a través del Recuerdo de Sí y la Auto-Observación, a reconocer nuestra naturaleza original. Así desaparece la identificación con las estructuras psicológicas y podemos observar cómo usa los pensamientos, las emociones y los impulsos volitivos para manifestarse. Pero ya no tiene la fuerza de antes. La Auto-Observación conlleva diluir la fuerza en que se manifiesta el ego. La Auto-Observación, siendo ámbito de la Conciencia, realza sus facultades, dejando al ego en segundo plano.

Cuando el ego ya no tiene tal fuerza, puede ser observado y comprendido. Sentimos sus manifestaciones e impulsos, pero no nos dejamos arrastrar por ellos.

En ese punto cabe resaltar la importancia de la retrospección diaria. Esta práctica amplía la visión de lo que es nuestra vida en el día a día, y nos permite Auto-Observarnos más sencillamente. La Auto-Observación, ya lo he dicho, no es una práctica como tal, pero las prácticas de la retrospección y la Meditación en general nos ayudan en el momento de Auto-Observarnos, porque crean espacio consciente en nuestro interior.

La observación ES – la atención ES – la conciencia ES.

Transcurrido el debido tiempo en el trabajo interior, comprendemos que la atención, la observación y la Conciencia no son puntos que se dirigen hacia otros puntos. Son lo que Son. Nosotros, en el Recuerdo de Sí, nos ubicamos en la dinámica de la interconexión, la interacción y la aprehensión conscientes, en la divinidad. Es un ámbito vibratorio, una calidad que se expande y que todo lo envuelve y penetra.

Para terminar, y volviendo al Maestro Ibn Al’Arabi:

El que conoce” y “lo que es conocido” son idénticos, e igual ocurre con “el que llega” y “aquel al cual se llega”; “el que ve ” y “lo que es visto”. Son idénticos, “El que sabe” es Su atributo. “Lo que es sabido” es Su sustancia o “naturaleza íntima”. “El que llega” es Su atributo y “aquel que llega” es Su sustancia. Porque la cualidad y el que la posee son idénticos. Tal es la explicación de la fórmula: “Quien se conoce a sí-mismo, conoce a Su Señor”. Quien capta los sentidos de esta similitud comprende que no hay unión, fusión o llegada, ni separación; comprende que “el que sabe” es Él y que “el que es sabido” es también Él; que “el que ve” es Él y “lo que es visto” es también Él; que “el que llega” es Él y “aquel al cual se llega” en la unión es también Él. Nadie distinto de Él puede juntarse con Él o llegar a Él. Nadie distinto de Él puede separarse de Él. Aquel que puede comprender esto total y plenamente, está exento de la más grande de las idolatrías.

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