Trabaja y encontrarás: El Autoconocimiento y la interrelación con lo sagrado (3ª parte)

Por Álvaro González

“La ciencia misteriosa requiere mucha precisión, exactitud y perspicacia en la observación de los hechos; un espíritu sano, lógico y ponderado; una imaginación viva sin exaltación; un corazón ardiente y puro. Exige, además, una gran sencillez y una indiferencia absoluta frente a teorías, sistemas e hipótesis que, fiando en los libros o en la reputación de sus autores, suelen aceptarse sin comprobación. Quiere que sus aspirantes aprendan a pensar más con el propio cerebro y menos con el ajeno. Les pide, en fin, que busquen la verdad de sus principios, el conocimiento de su doctrina y la práctica de sus trabajos en la Naturaleza, nuestra madre común.” – El misterio de las catedrales, Fulcanelli

En este artículo hablaremos sobre la última parte del axioma alquímico“Ora, lege, lege, lege, relege, labora et invenies”, es decir, “labora et invenies”, “trabaja y encontrarás”. ¿Qué es trabajar? ¿Cuáles son aquellas operaciones alquímicas, psicológicas, místicas, que han de llevarse a cabo para encontrar… el qué?

Insisto una vez más en que trabajar no consiste únicamente en sentarse a meditar, hacer trabajo psicológico, energético, u orar continuamente.

En primer lugar, según nos enseña la Tradición, aquel que aspira a andar el Camino, quien anhela la Iniciación, ha de vivir la vida como si de un Iniciado se tratara. Es decir: vivir comprometido con el Autoconocimiento, en todo momento y lugar. Ubicarse en el Recuerdo de Sí, en la Conciencia, en conexión con la Divinidad. El compromiso y el Recuerdo son esenciales, pues lo importante en el Autoconocimiento es tener claro que se anhela, y que es la mayor prioridad en nuestra vida. No hay lugar para las medias tintas en el Autoconocimiento: o nos dirigimos hacia él o no lo buscamos. Si una persona lo busca “a su manera”, “un poco”, pierde el tiempo, porque aquello que logra lo pierde rápidamente. Por ello ha de haber confianza en el Ser, en la Divinidad, que siempre nos asiste y nos acompaña aunque no nos percatemos. A veces puede parecer una confianza ciega, puesto que solemos ignorar los designios del Ser. Pero esta confianza aparentemente ciega es nuestro aposento en la dinámica del Ser, una ambigüedad e incertidumbre en la que puede darse cualquier cosa en cualquier momento y lugar, ya sea en un espacio físico o abstracto, en un tiempo limitado o transtemporal, o todo ello al mismo tiempo. Esto es el dikr, el “recuerdo de Dios” en el sufismo, siempre y bajo cualquier circunstancia.

Trabajar sobre uno mismo implica la desaparición de todas las seguridades, las certidumbres y los preconceptos sobre cosa alguna. No es un sumar, ni una serie de actos y prácticas que empoderan a las personas, ni siquiera una aspiración hacia la Divinidad. El trabajo sobre sí mismo es la estancia de los ambiguos, de los que no saben nunca hacia donde van, de los que escuchan el silencioso susurro de lo Real, de los que no pretenden nada. Entiéndanse estas palabras siempre desde la perspectiva del Autoconocimiento. El trabajo sobre sí mismo no es un camino trazado, y al mismo tiempo lo es; por este motivo, el aspirante al Conocimiento nunca sabe hacia dónde irá, aunque irá a alguna parte si se deja guiar por el Ser.

Recordemos, además, que el trabajo lo hace el Ser, es para el Ser y se dirige hacia el Ser. Y, como ya relató el místico Miguel de Molinos, entre otros, “es Dios que nos deleita, Dios que nos atrae, Dios que nos levanta dulcemente con un modo espiritual y purísimo: don admirable que le concede Su Divina Majestad a quien quiere, como quiere y cuando quiere, y por el tiempo que quiere, aunque el estado de esta vida más es de cruz de paciencia, de humildad y de padecer que de gozo.”

De hecho, si no hay compromiso, si se trabaja “a medias”, corremos el riesgo de no solo perder el tiempo, sino de caer en el autoengaño, pudiendo así crear una entelequia sobre cómo ha de ser la espiritualidad y la andanza en el Camino.

Cabe mencionar también la duda. La duda, en absoluto, no es un beneficio; el beneficio lo trae el discernimiento. La duda es un estado psicológico que no nos permite ni decir que sí ni decir que no, ni ir hacia delante, hacia atrás, hacia los lados o en diagonal. Es un estancamiento: mientras dudamos, nada hacemos. 

Lo que verdaderamente nos beneficia es el discernimiento, la revisión y revalorización de nuestros valores, percepciones, modos de pensar, sentir y actuar. ¿Qué es aquello a lo que más prestamos atención? ¿Cuáles son nuestras mayores prioridades? ¿Qué anhelamos, cómo, y por qué? Cuando nos preguntamos, sabiendo hacer la pregunta adecuada, se abre el camino a la respuesta. Podemos buscarla en el estudio, en la meditación, la reflexión, la inspiración, pero teniendo presente que es el Ser el que dará la respuesta “como quiere y cuando quiere”.

En conclusión, el trabajo sobre sí mismo nos lleva a encontrar (“invenies”) el Misterio, lo insondable, lo inefable, convirtiéndolo en algo cercano, decible, practicable. “Labora et invenies” es la formalización de lo divino no solo en lo humano, sino en la existencia manifestada.

En su conjunto, este axioma que nos recomienda la oración, el estudio y el trabajo, es un modo de definir el trabajo en el Autoconocimiento, la transformación interior que nos reencuentra con lo que realmente somos, el Ser.

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