¿Qué es el Amor?

¿Es cierto que para amar a los demás primero hemos de amarnos a nosotros mismos? ¿Qué es amar y qué es el Amor? En este artículo vamos a reflexionar sobre las ideas modernas en las que prepondera la idea de amarse a sí mismo sobre todo lo demás, para después acercarnos a aquello que realmente podemos llamar Amor.

Cuando damos una charla pública o comenzamos nuestros cursos, en ocasiones nos encontramos con personas convencidas de la necesidad de amarse a sí mismas para poder amar a los demás. Así también lo aseguran libros y vídeos de «autoayuda». ¿Qué impacto tiene en nuestras psiques dicha forma de pensar?

Este tipo de asertos, en nuestra opinión, se originan de tres líneas que confluyen: el consumismo, la Nueva Era y uno mismo.

La idea que propaga el consumismo es la de adquirir uno u otro producto para así procurarnos la felicidad y el bienestar personal. El consumismo vende la idea de que consumir nos convierte en originales y únicos a la par que sociables y respetables personas y, por lo tanto, felices y realizadas.

Permíteme un pequeño paréntesis respecto de este tema. El consumismo no es un ente abstracto que nos absorbe cuando quiere y como quiere. Nosotros somos el consumismo, y es nuestra responsabilidad ser o no consumistas.

Otro motivo por el que se piensa así sobre el amor es la Nueva Era, que desde su aparición en los años 60 del pasado siglo propende a «liberarse» de las ataduras sociales y psicológicas a través de terapias e interpretaciones más bien simples del pensamiento tradicional. Y es comprensible. Tal y como se jerarquizaba —y se sigue haciendo— la sociedad, cada miembro de ella tenía un papel muy determinado dependiendo de su casta, género y religión. La reacción ante esta suerte de predestinación social y limitación espiritual fue una empresa desgraciadamente baldía por encontrar el propio camino y la libertad de elegirlo. Pero cuando un movimiento o cualquier intento de cambio interior carece de la calidez del Espíritu, está abocado al fracaso, porque las buenas intenciones se convierten en actos y creencias egocéntricas que nos conducen a la infelicidad y la ignorancia.

Pero el motivo principal de las ideas erróneas sobre el amor es uno mismo. Consumismo o Nueva Era son solamente dos monturas que usa el ego de cada cual para justificar su autoimportancia. En otra época o lugar los motivos serían otros —inconscientemente—. La cuestión es que hoy día se cree que para amar hay que amarse a sí mismo, ponerse en primer lugar respecto a los demás, negando la ayuda a los otros por simple apetencia, hacer o no hacer algo por propio interés, y «a quien no le guste, que no mire». 

Amarse a sí mismo no guarda ninguna relación con el Amor Real, el Amor Universal que todo lo sustenta. El amarse a sí mismo nos separa de los demás y de nuestra propia interioridad. Es centrarse en sí mismo hasta el punto en que convertimos a los demás, al entorno y las circunstancias en objetos que nos proporcionan felicidad o sufrimiento, placer o dolor.

Si amar es dar, entregarse, expandirse, el amor a sí mismo sería centralizarse, reservarse, retenerse y, por lo tanto, es todo lo contrario al Amor. De hecho, no es Amor.

El Amor, la primera Ley Universal

¿Entonces, qué es el Amor? El Amor es la fuerza fundamental de todo lo que existe, la gran ley universal de la que nace toda la Creación. En la Cábala se nos relata a través de lo que los cabalistas nombran tzim-tzum. Dios, en un acto de infinito Amor, se contrae a sí mismo para permitir que surja la Creación. De la Totalidad Absoluta se crea constantemente la Unidad Múltiple Perfecta en la que existimos. A continuación vemos una representación del tzim-tzum:

Se nos muestra aquí, de forma figurativa y simbólica, que la Creación es un acto de Amor y que de ahí nace todo lo demás. La línea blanca que llega hasta el centro del círculo negro es dicho acto de Amor de la Divinidad para que sea posible la Creación.

En el Cristianismo esotérico se conoce este acto de Amor como la Voluntad del Absoluto, que marca el comienzo de la existencia como primera ley universal de la que derivan todas las demás.

El Amor es el completo y absoluto dar. En el plano humano no es solamente dar, sino darse, entregarse totalmente a los demás. Los taoístas nos hablan de ello todo el tiempo. Cuando se refieren a la Virtud Suprema usan la analogía del ser en acto del agua. En el Wen-tzu se nos dice que el agua:

«Abarca toda la vida sin preferencias personales. Su humedad alcanza incluso a las cosas que se arrastran, y no busca recompensa. Su abundancia enriquece al mundo entero sin agotarse. Sus virtudes son dispensadas a los campesinos, sin ser desperdiciadas. No puede encontrarse ninguna finalidad en su acción. No puede captarse su sutileza. Golpéala, y no habrá daño; atraviésala, y no será herida; acuchíllala, y no habrá corte; quémala, y no hará humo. Suave y fluida, no puede ser dispersada. Es suficientemente penetrante para taladrar el metal y la piedra, suficientemente fuerte para inundar el mundo entero. Tanto si hay exceso como carencia, permite al mundo tomar y dar. Se concede a todos los seres sin orden de preferencia; ni privada ni pública, tiene una continuidad con el cielo y la tierra. A esto se le llama la virtud suprema.»

Esta bella analogía es aplicable a la naturaleza en general. El sol entrega su luz y calor sin guardarse nada para sí mismo, sin discriminación ni reservas; de hecho es el símbolo e hipóstasis crística por excelencia en la Tradición Esotérica Cristiana. Del mismo modo, árboles y plantas dan sus frutos, fragancias y protección para los animales sin distinción alguna, etc.

El Amor es fuente inacabable, y quien se ubica en el Amor, a más se da, más Amor es. Desaparece uno mismo para convertirse en dádiva del Amor, en mensajero de su fuerza, en pozo de su Luz. Quien se ubica en el Amor sigue la Voluntad del Absoluto, pues el Amor fue, es y será. Como San Pablo atestigua, «El Amor no perecerá jamás aun cuando las profecías tomaran fin, las lenguas cesaran, el Conocimiento desapareciera» (I Cor. XIII, 4-8).

¿Y en el ser humano, cómo se manifiesta la fuerza del Amor? La fuerza del Amor es el resultado del trabajo en el Autoconocimiento. Cuando trabajamos internamente damos nacimiento a las Virtudes, que son los cauces por los que se manifiesta lo divino en lo humano.

El hombre verde y la fuerza del Amor

Hay una figura muy interesante que ilustra estos procesos internos con claridad. Nos referimos al green man u hombre verde que encontramos en multitud de iglesias y catedrales románicas y góticas de la Edad Media.

Oficialmente no se tiene del todo claro lo que significa la figura del hombre verde. Pero quien tiene cierto conocimiento de la Tradición Hermética de la que los maestros constructores eran sus mensajeros, constatará la importancia de este símbolo tan repetido en muchas culturas tanto de Occidente como de Oriente. No obstante, aquí disertaremos dentro de nuestra línea de trabajo, y recordando que la interpretación en la hermenéutica espiritual es siempre abierta. Así que esta es nuestra interpretación, sin negar otras que entren dentro del pensamiento tradicional y sean inspiradas.

El hombre verde se representa de diferentes maneras, pero normalmente se esculpía como una cabeza de la cual brotaban hojas y ramas que se expandían. También, y fijémonos en este detalle, pues es importante, de la boca del hombre verde salen dos ramas, a veces tres. Además, en muchas ocasiones las hojas y ramas que surgen del hombre verde se entrecruzan entre ellas. ¿Qué significa este símbolo?

El hombre verde nos está hablando del florecimiento espiritual del ser humano. Cuando despertamos Conciencia hemos desarrollado nuestro potencial espiritual que, al fin y al cabo, es el retorno a la Unidad, al Amor. Las ramas que surgen de la boca del hombre verde señalan dos cosas. Una, que quien trabaja internamente ha de recrear dentro de sí la fuerza creativa que rompe la semilla para convertirse en árbol, pues sin la acumulación y el uso de nuestras fuerzas no es posible crear nada internamente.

El otro significado que nos proporcionan las ramas brotadas de la boca indica que el Iniciado encarna el Verbo, el Logos, la vibración y fuerza más creativa y sagrada, aquella que da sus frutos a todo aquel que escucha la Palabra de la Divinidad, que es el puro Amor. Más claramente: quien despierta Conciencia no lo hace para sí, sino que se convierte en fuente de Amor y Conocimiento, dando sus frutos a todo aquel que anhele tomarlos. Un Maestro, como dice la Tradición, es Maestro visto desde abajo, pero desde arriba, es un asistente de la Divinidad.

Los entrecruzamientos nos están hablando precisamente de la perfección de la Creación, de que todo está unido, entretejido, y de que no hay nada separado de ninguna cosa. Dichos entrecruzamientos nos hablan también de la unión y complementación de los contrarios que permiten que todo sea creado. ¿Y qué fuerza une a los contrarios, creando y expandiéndose? El Amor.

Quisiéramos agregar, para dar más luz al mensaje que nos legaron los maestros canteros con tan interesante figura, un par de ejemplos que encontramos en algunas de sus construcciones.

El hombre verde del monasterio de Santes Creus

En el claustro flamígero del Real Monasterio cisterciense de Santa María de Santes Creus, en Tarragona, encontramos, junto al lavabo o lavatorio, en una columna de la galería sur del claustro, una serie de capiteles en los que encontramos al hombre verde, junto a otras figuras, como protagonista1.

Como es habitual, vemos a un hombre verde de cabeza florida con las típicas ramas que salen de su boca. Cerca de él apreciamos algunas piñas, señal de la inmortalidad alcanzada por el trabajo interior. A la derecha del hombre verde, una mujer recoge uvas de una vid que ha brotado de sus ramas, representando así el cultivo y sublimación de las energías, un símbolo de castidad y también de sabiduría.

Esta columna está ubicada, como hemos dicho, en la galería sur del claustro. El Sur, en el simbolismo hermético, es el lugar en donde está la tierra, nuestras tierras internas o filosofales que han de ser aradas, cultivadas, regadas y cosechadas en frutos del Espíritu.

Tampoco los capiteles están colocados al azar. El hombre verde mira hacia el Oeste, lugar en donde se pone el Sol, hacia donde se dirige el Alma que anhela el Espíritu, pues ha de trabajar en la oscuridad, como una semilla que lucha por buscar el Sol. Estamos refiriéndonos al trabajo con el ego, la parte más oscura de nosotros, que hemos de integrar, eliminar, transformar. Es un trabajo en el que, ante todo, se ha de poner luz, pues si no es así, no es posible ver lo que uno es. El hombre verde nos habla aquí de ése viaje al Oeste, hacia las tinieblas internas que serán disipadas con el trabajo espiritual.

El hombre verde de la iglesia de Santa Maria la Blanca

Vamos ahora a la provincia de Palencia, en Castilla y León, concretamente a la iglesia templaria de Villalcázar de Sirga, llamada iglesia de Santa María la Blanca. Igual que en el monasterio de Santes Creus, hay muchísimos detalles e historias interesantes que contar, pero para no desviar nuestra atención, mencionaremos uno de los componentes de la iglesia que tienen como protagonista a Jesucristo y al hombre verde.

En la alta portada de la iglesia, de bella y refinada factura, encontramos a Cristo en el trono, el Maiestas Domini o Cristo en Majestad; también recibe el nombre de Pantocrátor, yendo acompañado de las figuras simbólicas de los Evangelistas.

El Cristo en Majestad alza la mano derecha y con el dedo pulgar, índice y anular levantados reparte bendiciones a todos los seres; con la mano izquierda sostiene un libro, que es una representación de los Evangelios. Los Evangelios son recipientes del Conocimiento Divino, como todo libro sagrado, en donde se encuentran las claves del Autoconocimiento si se aprende a leer correctamente su contenido oculto. Precisamente por eso el libro está cerrado, porque es un conocimiento que solo está reservado para los Iniciados.

Pues bien, el Cristo en Majestad de la iglesia templaria, custodia un libro cerrado, y la portada del libro es… ¡un hombre verde! En efecto, los templarios nos están indicando con esta figura que, quien busca el Conocimiento Divino, la Gnosis que tiene como guardián al mismísimo Cristo o Cristos, ha de trabajar en el Autoconocimiento, hacer florecer las Virtudes del Alma y convertirse también en dádiva de Amor. “Conócete a ti mismo y conocerás a tu Señor”, “Conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los Dioses”. Conócete a ti mismo y conocerás al Amor Divino.

El mayor acto de Amor que puede realizar el ser humano es Despertar Conciencia, pues entonces el Despierto se convierte en vehículo del Amor Divino.

Notas: 

1 El claustro flamígero de Santes Creus, construido a comienzos del siglo XIV, es uno de los mayores compendios de conocimiento hermético que podemos encontrar en toda España, sino en Europa, alcanzando incluso la riqueza de muchas catedrales de su época.

2 comentarios en “¿Qué es el Amor?

  1. Muy interesante el contenido de esta información.
    El autoconocimiento y el despertar de la consciencia son conceptos que requieren más explicación para que sea entendibles a los aprendices como yo.
    Espero recibir más luz para conocer y adentrarme en la espriritualidad.
    Muchas gracias.

    1. Muchas gracias por tu comentario. Es cierto que dichos conceptos y otros muchos necesitan de una definición precisa y amplia para poder adquirir una base que nos permita trabajar sobre nosotros mismos. En esta misma web podrás encontrar material con el que empezar. Te recomendamos nuestro artículo sobre qué es el Autoconocimiento y la Iniciación para poder aproximarte a los fundamentos básicos del trabajo interior:

      https://noesiscentro.com/index.php/2018/12/05/que-es-la-iniciacion-y-que-es-el-auto-conocimiento/

      Esperamos que sea de tu interés y sobre todo, que te sea útil. Un saludo.

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