La vida espiritual en la vida mundana

Por Álvaro González

¿Es necesario alejarse de la vida social y del mundanal ruido para desarrollarse espiritualmente? Muchas personas quizá crean que no pueden autoconocerse y acercarse a las cuestiones del Espíritu si permanecen bajo las circunstancias habituales de la mundanidad como el trabajo, la familia o la vida social, pues no pueden “ocuparse” de lo espiritual ya que no disponen de tiempo para ello. Otras personas, como ya vimos en otro artículo, creen que la espiritualidad es una especie de “sanación psicosomática” respecto a las situaciones vividas y, como ya comentamos, esta concepción no tiene ninguna relación con el Camino del Autoconocimiento.

Ambos enfoques forman parte del autoengaño en el que nos sumergimos cuando tenemos anhelo espiritual pero no voluntad para trabajar en nosotros mismos.

Aun así es cierto que, cuando no somos conscientes de nuestra interioridad ni del modo en que la vida en el mundo nos arrastra, el trabajo interior se torna en algo imposible. Eso no anula, empero, la posibilidad de andar el Camino dentro del mundo, de nuestros trabajos, de nuestras vida social y de toda circunstancia surgida de ahí.

En este artículo desarrollaremos las dos líneas que trazan nuestra propia vida: la vida horizontal, material y mundana, y la vida vertical, espiritual y consciente. Veremos cómo se interrelacionan ambas líneas, y cómo esta interconexión es el punto en el que florece nuestro desarrollo interior.

La vida horizontal

La vida horizontal es la experiencia de la vida común: nacer, crecer, formarse profesionalmente, crear una familia, sobrevivir como mejor sea posible, y fallecer. La vida mundanal se experimenta como una suerte de lucha contra las circunstancias adversas en busca de una estabilidad que normalmente no llega. La vida horizontal se vive en lo que la Tradición llama jungla, en donde la supervivencia, el deseo y la ignorancia son preponderantes respecto a los valores espirituales. Es el lugar de la Ilusión.

Ilusión porque la vida horizontal es una ficción psicológica. El ser humano se encuentra “lanzado” a la vida sin un lugar al que asirse, y recrea en su psique una serie de presupuestos con los que darle un sentido a su existencia, hecho que probablemente no llenará su vacío, y si lo hace no le llenará eternamente. Y es que la Ilusión, al ser ontológicamente nula, es inconsistente. Nos identificamos con valores externos y una autoimagen que hemos generado para tener una seguridad de lo que es la vida y quiénes somos nosotros. Y así la vida pasa, sin percatarnos de la fugacidad de nuestra existencia.

Para comprender mejor qué es la vida horizontal, veamos un ejemplo: imaginemos a una persona que, estudiando el final de la secundaria, comienza a pensar a qué quiere dedicarse profesionalmente. ¿Cursará estudios universitarios o trabajará apenas cumpla la edad legal para ello? Ésa es su preocupación durante algún tiempo. La sociedad le recomienda que si desea ser una persona con un buen futuro es preferible que estudie: es la promesa de un buen sueldo, cosa que conllevará una estabilidad económica que le permitirá realizar muchas cosas, y así se volverá un ciudadano respetable, una “persona de bien”. Caben aquí varias preguntas: ¿sólo se puede ser una “persona de bien” si se obtiene lo que se considera un buen empleo?¿Es así como se consigue ser un buen ciudadano?

La persona de este ejemplo decidió estudiar, y aquí llegan más preguntas: ¿Qué estudiar, aquello que le gusta, o aquello que le repercutirá más favorablemente en lo profesional? Pues bien, nuestra persona llega a la conclusión —después de consultarlo con varios de sus allegados—que es preferible estudiar lo que le convenga más económicamente, pues los estudios de por sí son caros, y los años invertidos han de ser de provecho.

Esta persona estudia y —con suerte— consigue un buen empleo, con una duda que siempre le acompañará: ¿era lo que deseaba?

Ya siendo un joven adulto, su vida transcurre entre el trabajo, la vida social y quizá el planteamiento de formar una familia, otro eslabón importante según lo marcado no solo por nuestra sociedad, sino algo definido por las culturas de cada tiempo y lugar. Y así es, forma una familia: tiene hijos, los cuales serán continuadores de la cadena de la vida orgánica en la Tierra: nacer-crecer-reproducirse-morir. Y mientras tanto estará trabajando en un empleo que no le gusta, y ésa frustración la edulcorará con el descanso, el ocio, las vacaciones y el sustituto de la auténtica Autorrealización: tener hijos1.

¿Por qué existen tales tendencias?¿Qué tipo de influencias nos arrastran hacia esta gris vorágine?

Las influencias A

En el transcurrir de nuestra vida nos encontramos con distintas clases de influencias que marcan la dirección que seguimos a lo largo del tiempo.

Las influencias más comunes son lo que en la Tradición se conoce como influencias A. La Tradición define las influencias A como las influencias mundanas que nos mantienen en “nuestro lugar”, el del “buen miembro” de la sociedad. Un ejemplo de influencias A son la educación que recibimos, la cual no desarrolla una vía de Autoconocimiento mínima en el ser humano. Otro tipo de influencia A es la familia, con sus formas de percibir y comprender la vida. La información que consumimos —aún más hoy—, ya sea de la prensa, las redes sociales o internet en general, la televisión, etc., son otro tipo de influencias A. Identificarse y dejarse arrastrar por tales influencias consume nuestra capacidad de discernimiento, modifica nuestro modo de percibir e interactuar con nosotros mismos, los demás y el entorno y, por tanto, nos esclaviza. Más precisamente, nos dejamos esclavizar por las influencias A.

¿Son malignas las influencias A? En absoluto. Como veremos más adelante, lo que importa son los ojos con los que se mira y no lo que se ve. Las influencias A forman parte del mundo, nada más ni nada menos.

Para representar con mayor claridad esta exposición, comentaremos paso a paso uno de los esquemas más importantes dentro de la ciencia esotérica. Lo extraemos de la obra en tres tomos Gnosis: Estudio y comentarios sobre la Tradición Esotérica De la Ortodoxia Oriental, de Boris Mouravieff. Veremos el diagrama completo hacia el final de este trabajo, así que ahora lo mostraremos de forma incompleta para después añadir más elementos.

El círculo representa la vida, la jungla y sus influencias. Las flechas dentro del círculo son las influencias A. Mouravieff escribe:

«Las flechas representan las influencias creadas en la vida por la vida misma [las influencias A] […] Se notará que cubren de manera más o menos pareja toda la superfície del círculo de la vida. Como en el caso de todas las fuerzas radiantes de la naturaleza, su efecto es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia, de modo que el hombre sufre sobre todo la influencia de las flechas de su entorno inmediato y es arrastrado a cada instante por la resultante del momento. La influencia de las flechas «A» sobre el hombre exterior2 es imperativa; empujado, avanza errante por el círculo de su vida, del nacimiento a la muerte, siguiendo una línea quebrada con, a veces, peligrosos cambios de orientación.

[…]

Si examinamos el esquema percibiremos que cada flecha negra está contrabalanceada, neutralizada en alguna parte por otra flecha de igual fuerza y diametralmente opuesta, de modo que si se las hubiera dejado neutralizarse efectivamente, su resultante general hubiera sido cero. Esto signfica que, en su conjunto, las influencias A son de naturaleza ilusoria, aunque el efecto de cada una de ellas sea efectivamente real. Por esta razón el hombre exterior las toma por realidad.» (Gnosis, tomo I, cap. VI, pp. 77-78)

¿Por qué existen este tipo de influencias que convierten nuestra vida en algo mecánico y azaroso? Ahora lo veremos. Dejándonos arrastrar por las influencias A, lo único que hacemos es movernos como una veleta: hacia donde el viento nos lleve. Si solamente nos identificamos con las influencias A, mecánicas y mundanas, nos convertimos en ciegos caminando sobre cristales creyendo que andamos sobre un campo de flores.

La Ley General

Mouravieff, en el capítulo VIII del tomo I de Gnosis, escribe:

«El hombre, en el Universo, es semejante a un microorganismo en el cuerpo humano. […] ¿Cuál es entonces, en este cosmos, el sentido de la vida humana tal como la conocemos? La existencia del hombre tiene una doble razón de ser:

Como elemento del organismo universal, sirve a los fines de éste.

Como individuo aislado, puede perseguir sus propios fines.» (cf. Tomo 1, cap. VIII, p. 95)

Mouravieff nos dice que el lugar del ser humano en el Universo es semejante al de una célula del cuerpo humano. Cada célula del cuerpo forma parte de un órgano que a su vez pertenece a todo un sistema que permite el buen funcionamiento del organismo. Teniendo en cuenta esta idea, la Tradición define dos grupos de leyes. Una es llamada Ley General, y la otra Ley de Excepción. Por ahora hablaremos de la Ley General y dejaremos la Ley de Excepción para más adelante.

La Ley General delimita el devenir de un ser humano que solamente vive la vida horizontal. Dicha ley —o categoría de leyes— es el origen de las influencias A. Veamos cómo define Mouravieff la Ley General:

«El hombre, célula de la humanidad, forma parte de la vida orgánica sobre la Tierra. […] Como célula de este órgano, el hombre se encuentra bajo el imperio de la Ley General, que lo retiene en su lugar. Es verdad que esta ley deja un cierto margen, una especie de tolerancia que le permite algunos movimientos libres, dentro de los límites que ella fija. En el interior de estos límites, objetivamente muy restringidos, pero que subjetivamente parecen vastos, el hombre puede dar libre curso a sus fantasías y a sus ambiciones.

Sin ir demasiado lejos en la definición de los límites ni en la descripción detallada de los componentes de esta Ley General, podemos decir, por ejemplo, que el hambre, la servidumbre del trabajo para asegurar nuestra subsistencia, es uno de sus factores. La cadena: instinto sexual, reproducción, afán de los padres por sus hijos, es otro. La máxima esotérica que se aplica a este aspecto de la vida está concebida así: el amor carnal es necesario para el bien general.

Finalmente, el miedo y sus corolarios constituyen el tercer grupo de factores en cuestión. En síntesis, el margen admitido para los movimientos libres tolerados por la Ley General, tiene como límite lo que puede describirse con un término sin duda poco científico pero muy gráfico: la felicidad burguesa. Carrera, en no importa qué rama de la actividad humana, fortuna, familia, amores, honores, etcétera. Pero todo esto con la condición sine qua non de una aceptación, aunque mas no sea subconsciente, pero sin reservas, del carácter inevitable de la Muerte.»

Traduciremos aquí el concepto de felicidad burguesa, algo obsoleto en nuestros días, como falsa felicidad, ésas aparentes placenteras seguridades y comodidades en todos los ámbitos de nuestra vida, un cierto estatus en los círculos sociales, familiares y personales que nos hace creernos autorrealizados. La falsa felicidad es ocuparse solamente de lo mundano, el total olvido interior, la despreocupación por las cuestiones espirituales, estar arrastrado por la vorágine del mundo sin siquiera saberlo.

Sobre la felicidad burguesa —o falsa felicidad—, existe otra definición en Mateo (7:13-14): es «el camino espacioso que conduce a la perdición». El Camino del Autoconocimiento no pretende la felicidad ni el bienestar; estos son efectos colaterales del mismo, pero no su finalidad, y mucho menos aún a través de logros externos como conseguir un buen empleo, crear una familia y, en general, tener una vida cómoda. El Camino del Autoconocimiento es la Vía del Despertar de la Conciencia, con todo lo que conlleva. Su ámbito es el Ser, el luminoso ascenso a las estancias divinas.

Pero si vivimos en un mundo repleto de influencias mecánicas, ¿cómo podemos acceder al Conocimiento?

La vida vertical

La vida vertical es el tipo de vida que nos conduce a las realidades del Espíritu. Implica la transformación interior radical de sí mismo. Esta transformación viene dada por un trabajo continuado en el tiempo sobre la propia psicología, el cultivo de las energías internas y la relación consciente con nosotros mismos, los demás y el entorno. Este apartado lo vimos en un texto precedente.

La vida vertical es el conjunto de hechos interiores que permiten el florecimiento del Alma, vehículo de la Conciencia, lo que realmente somos. En el terreno práctico, la vida vertical es el resultado del movimiento interior hacia el Espíritu, lo que llamamos anhelo espiritual, que es formalizado a través de las prácticas y conocimientos que nos permiten acceder a las realidades espirituales. Las prácticas y conocimientos a las que nos referimos son, técnicamente, Sistemas de Conocimiento. Los encontramos en la parte íntima de la Religión, la Filosofía, el Hermetismo y en cualquier Vía que aspire al Despertar del ser humano.

Pero para poder trabajar con un sistema que nos sea válido es necesario tener acceso a una escuela o línea de Conocimiento que tenga como fuente las enseñanzas universales de la Tradición.

La Tradición es el esplendoroso tronco de un árbol de infinitas y frondosas ramas y hojas (las escuelas herméticas, religiones, filosofías, etc.). La Tradición está representada por las Maestras y los Maestros que despertaron Conciencia y entregaron su conocimiento a la humanidad. El Conocimiento que surge de la Tradición es atemporal, y esto significa que su mensaje siempre es actual y, al mismo tiempo, actualizado constantemente. Los Maestros y Maestras, conocedores de la universalidad del Conocimiento Divino, siempre han trascendido las formas doctrinarias de su religión o escuela de conocimiento.

Como manifiesta en varias ocasiones Ibn Arabi en su obra, todos percibimos al «Dios de nuestras creencias». Es decir, nosotros mismos, dependiendo de nuestro nivel de ser, damos forma inteligible a aquello que está más allá de la materia y la forma, o dicho de otra manera: a medida que nos autoconocemos ahondamos en las realidades espirituales hasta hacernos conscientes de que toda forma es un velo respecto a lo Real, pero que al mismo tiempo ése velo es Realidad misma. Los velos a los que nos referimos pueden ser las religiones y los distintos modos en que el ser humano ha accedido al Espíritu. Los velos son necesarios, pues permiten espiritualizar la materia y materializar al Espíritu, como reza el axioma alquímico. En el mismo velo hay Realidad.

Por tanto, todo esto significa que la Verdad no se encuentra en un solo lugar. Aquellos que caen en un imperialismo espiritual, como diría Henry Corbin, rechazan la realidad de la Divinidad que se reactualiza a cada instante. La realidad espiritual se vive en el corazón, en la intimidad del aspirante al Despertar.

Dicho esto, volvamos al esquema que estamos trabajando. ¿Qué tipo de influencias son necesarias para que el Camino del Autoconocimiento pueda viabilizarse?¿Cómo se captan las influencias espirituales cuando constatamos que las religiones carecen de los valores que alentan al Alma a reunirse con lo divino?

Las influencias B

Si las influencias A son los elementos que nos arrastran para permanecer en la vida horizontal, vacía y mundana, las llamadas influencias B son las influencias espirituales. Añadamos ahora un nuevo elemento al esquema precedente:

Hemos agregado unas flechas blancas, más grandes, todas dirigidas hacia la misma dirección. Estas son las influencias B. Mouravieff comenta al respecto:

«Son influencias arrojadas al torbellino de la vida desde el centro esotérico [las realidades espirituales en sí mismas]. Creadas fuera de la vida, estas flechas están todas orientadas en la misma dirección. En su conjunto forman una especie de campo magnético.

Dado que las influencias A se neutralizan, las influencias B constituyen, de hecho, la única realidad.» (cf. tomo I, cap. VI, p.78)

Prácticamente cada ser humano, según la Tradición, en algún momento de su vida tendrá algún contacto con las influencias B. Si su anhelo espiritual está o no está despierto será lo que determinará si captará o ignorará las influencias espirituales.

Las influencias B son lo que podemos llamar alimento espiritual. Pura creatividad de la Conciencia —Imaginación creadora—, inspiración que nos empuja a recorrer el Camino del Autoconocimiento, asiento y fuente del Conocimiento en el ser humano. La poesía mística se refiere a esto constantemente.

¿De qué manera accedemos a las influencias B? ¿Cómo las diferenciamos de las influencias A? Para responder a esta cuestión vamos a mostrar el esquema completo.

Ahora vemos cuatro círculos interconectados: tres de ellos dentro del círculo que representa la vida con las influencias A y B, y uno fuera de la vida. El círculo fuera de la vida representa el origen de las influencias B, las realidades espirituales en sí mismas.

Dentro del círculo de la vida, el círculo más pequeño de los tres representa a un ser humano en particular que no ha trabajado o apenas ha comenzado a trabajar sobre sí mismo. Las rayas que pintan casi la totalidad de este círculo nos indican la naturaleza entremezclada de cada uno de nosotros, una mezcla de ego y Conciencia. Esta es la doble naturaleza en la que gravitamos constantemente mientras tengamos ego y no un centro de gravedad consciente mayor, como veremos después.

La parte blanca del círculo muestra la porción de Despertar de la Conciencia: la auténtica identidad del ser humano, lo que somos, hemos sido y siempre seremos. Como apreciamos, lo que realmente somos está ocluido por el no-ser, el ego. Si comparamos este círculo con los otros, nos percataremos de que aparte de ser más grandes tienen menos parte rayada y más porción blanca. Eso simboliza un mayor nivel de ser, y por tanto más Conciencia Despierta.

Si se despierta en nosotros, independientemente de las circunstancias, un fuerte anhelo espiritual, se inicia una búsqueda intensa por autoconocerse y conocer —una y la misma cosa—. Si nuestro compromiso interior con la búsqueda espiritual es serio, se sucederán, en el momento necesario y de una forma que puede parecer extraordinaria, una serie de eventos que nos conducirán a contactar con personas y escuelas con un mayor nivel de Ser o grado de Despertar que nos ayudarán a trabajar más profundamente en el Autoconocimiento. Estas escuelas o personas en concreto se las conoce como influencias C-D-E, etc. Son los círculos más grandes representados dentro del círculo de la vida. Estas influencias, estas escuelas, son las responsables de procurar el Conocimiento para las personas sedientas de él. Ahí se encuentran la gnosis de cada época y lugar.

Cuando nos referimos a la gnosis hablamos de la parte más íntima de cada religión, filosofía u otras vías de Conocimiento que se ha dado desde siempre, pues es el patrimonio espiritual de la Humanidad.

Pongamos algunos ejemplos reconocibles: dentro del Cristianismo tenemos lo que se ha conocido como Gnosis o Cristianismo Esotérico. De hecho, el esquema que estamos estudiando proviene del Cristianismo Esotérico de la Tradición Ortodoxa Oriental pero, como es apreciable, es universal, pues la gnosis es la universalidad más allá de las formas, aunque se sirva de ellas para expresarse.

En el caso del Islam nos encontramos con el Sufismo en sus diversas expresiones místicas, teosóficas y filosóficas, al directo encuentro con lo Divino.

En el caso del Judaísmo hallamos la Cábala, un modo profundo de trabajar con la Ciencia de las Letras Hebreas y la Hermenéutica espiritual.3

El Taoísmo del Tao Te Ching es directamente una gnosis del Taoísmo.

El Shivaísmo de Kashemir o Trika, sabiduría anterior a los Vedas, es una expresión espiritual que nos habla de la trascendencia e inmanencia de la Divinidad en toda la Creación.

Hemos dado una brevísima descripción de cada una de estas líneas gnósticas, pero estas descripciones son totalmente intercambiables entre ellas, pues exceptuando algunas consideraciones, su metodología es muy semejante.

Teniendo presente que cada individuo dentro del Camino tiene un nivel de ser determinado —influencias C, D, E y demás— que variará a lo largo de su recorrido, podemos entender mejor por qué dentro de cada tradición existen distintos puntos de vista a la hora de abordar y aprehender las cuestiones del Espíritu. Y ahí radica la infinita riqueza del Espíritu, las miradas del inmensurable prisma de lo divino. Un símbolo tiene infinitas interpretaciones porque precisamente se reactualiza con cada nueva mirada espiritual. Eso es hermenéutica espiritual, interpretación profunda de lo sagrado dentro de la Tradición Perenne.

En lo que respecta a las escuelas de Conocimiento, ésas influencias que posibilitan que lo espiritual pueda manifestarse, comparten fuertes nexos en común, lo que se conoce en el sufismo como silsila, filiación espiritual, la pertenencia, en menor o mayor grado, a la cadena iniciática de los Maestros y Maestras de la Tradición. José Antonio Antón Pacheco nos dice sobre la silsila:

«[…] Entendemos la palabra silsila como una línea que, más allá de las determinaciones históricas concretas, une y conecta a diferentes pensadores, filósofos y místicos. Y eso es así en función de la reflexión, meditación y experimentación de realidades espirituales semejantes expresadas también con modos semejantes.»4

Un conocimiento que trasciende el espacio y el tiempo, transhistórico, en palabras de Corbin. Algunos ejemplos de esta filiación espiritual que se manifiesta semejantemente son Platón, Lao Tsé, Ibn Arabi, Hadewijch de Amberes, Meister Eckhart, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Margarita Porete, Fulcanelli, Lal Ded, Eihei Dogen, Hildegarda de Bingen, Mouravieff y muchos otros.5

El centro magnético y el equilibrio interno

Miremos bajo otro punto de vista el esquema presentado por Mouravieff. Del mismo modo que los círculos dentro del círculo de la vida representan a individuos y escuelas de conocimiento interconectadas entre sí, también nos muestra el resultado del trabajo continuado sobre nosotros mismos: la muerte del ego y el nacimiento del Alma, Segundo Nacimiento, dice la Tradición. Mouravieff escribe:

«En la vida, cada ser está sometido a una especie de examen. Si discierne la existencia de las influencias B, si adquiere el gusto de recogerlas y absorberlas, si aspira a asimilarlas cada vez más, su naturaleza interior —entremezclada— sufrirá poco a poco una cierta evolución. Si los esfuerzos por absorber las influencias B son constantes y suficientemente intensos, se podrá formar en él un centro magnético, representado en el esquema por el pequeño espacio en blanco [del círculo que representa al individuo que está buscando el Conocimiento].

Si una vez nacido en él es cuidadosamente desarrollado, tomará cuerpo y ejercerá a su vez influencia sobre las resultantes de las flechas A siempre activas, de manera que sobrevendrá a éstas una desviación. Esta desviación puede ser violenta. En general constituye una transgresión a la ley de la vida exterior [Ley General] y provoca conflictos en el hombre y su entorno.» (cf. p.78)

Durante el Camino nos encontraremos con muchas pruebas de todo tipo que determinan el aprendizaje iniciático de cada ser humano. Desconocemos previamente si son pruebas o no, pues solo puede saberse si una circunstancia es una prueba una vez se ha superado.

Esto fortalece nuestro centro magnético, ése «órgano» que nos permite asimilar las influencias espirituales y apartar las influencias mecánicas. El centro magnético nos permite equilibrar nuestros pensamientos, emociones y actos, estado contrario al que nos encontramos con la Conciencia dormida.

Cuando nuestras inteligencias —pensamientos, emociones, movimientos, instintos y sexo— se equilibran y funcionan en armonía como resultado del trabajo interior, accedemos a las realidades del Alma con mayor frecuencia y permanencia. Y ése papel conector es del centro magnético —también llamado centro de gravedad consciente, pues su núcleo es la Conciencia misma—.

¿Cómo se realiza este trabajo? Hemos mencionado algunos textos y autores, y ahora mencionaremos algunas sugerencias prácticas a tener en cuenta.

El hábito de la Meditación debería formar parte de una disciplina interior conducente al Despertar. La Meditación nos permite profundizar en las infinitas dimensiones de la Conciencia. Es una de las prácticas más trascendentales a las que podemos recurrir para autoconocernos.

Otra práctica que guarda mucha relación con el trabajo psicológico es la retrospección diaria, que consiste en revisar los estados internos —egoicos y conscientes— que hemos experimentando a lo largo del día. Es un modo de dibujar el mapeado de nuestro día a día para hacernos conscientes del modo en que vivimos; como dice la Tradición, un día de nuestra vida es un reflejo de toda ella. Ver con claridad un día de nuestra vida nos clarifica cuáles son las tendencias habituales de nuestra psicología.

A propósito del trabajo psicológico, comentaremos un hecho importante al respecto de las influencias A.

Las influencias A, aun siendo formas en las que se manifiesta la Ley General, no son malévolas. La influencias A nos sirven como gimnasio psicológico, como campo de aprendizaje en el que transformamos en alimento para la Conciencia la información constante que percibimos externa e internamente cada segundo de nuestra vida. Esto es lo que llama la Tradición transformación de las impresiones: convertir la información que recibimos y generamos en alimento espiritual —entiéndase toda la información, desde un olor hasta un problema en el trabajo o un estado psicológico que experimentamos—. Insistimos de nuevo en que no es lo que se ve, sino los ojos con los que se mira lo que determina la calidad de una interacción, o más claramente: donde aparentemente parece que solamente hay perjuicio puede haber una chispa de Espíritu y por ende de aprendizaje iniciático. «El viento y las olas van a favor de aquel que sabe navegar», como indica el axioma hermético.

Pero hay que ser inteligente. No significa esto que tengamos que buscar situaciones difíciles y problemáticas para Despertar, ni tampoco soportar según qué situaciones. La dignidad es un valor esencial en la vida de cada individuo. Además, el devenir de la vida ya nos proporciona el suficiente gimnasio psicológico para trabajar sobre nosotros mismos sin que necesitemos buscar situaciones extraordinarias para lograr frutos espirituales. Hay escuelas que piensan de ésa manera, pero en absoluto es necesario.

La oración también es una práctica y estado en sí mismo que nos ayuda a interrelacionarnos con lo divino de un modo cercano y cálido.

Antes hemos mencionado que el ser humano puede “someterse” bajo dos categorías de leyes: la Ley General y la Ley de Excepción. Ya hemos hablado de la primera, y ahora abordaremos la segunda.

La Ley de Excepción

Tal y como dice la Tradición, todos los seres vivos, del mismo modo que el planeta que los cobija, somos antenas receptoras y transformadoras de las energías cósmicas. La Ley General tiene como función que dicha recepción y transformación de energías sirva a los intereses naturales del planeta. Cabe decir que la Ley General es divina y necesaria para la subsistencia del planeta mismo. No tiene nada de malévola; son grupos de leyes que rigen el sistema natural del planeta, nada más. Comentaremos que intentar luchar contra ella y sus intereses, como el mismo Mouravieff indica, es un acto semejante al del Quijote luchando contra los molinos de viento.

A este respecto añadiremos un comentario más. Aquella persona que anhela y busca la Iniciación no es un héroe que pretende cambiar el mundo. Quien busca cambiar el mundo o, como se dice actualmente, el sistema, está abocado al fracaso, porque las sociedades y sus circunstancias son las que son, y su devenir, sin entrar en detalles ni divagaciones, es resultado de la acción de la Ley General que, recordemos, «retiene en su lugar» al ser humano. Ésos intentos, prácticamente, son tentativas de frenar con las propias manos el devenir de la rueda de la existencia, el Samsara. Obviamente, quien se atreve a ello termina siendo arrollado y absorbido por la Ley General aún más poderosamente que antes.

Los auténticos cambios conscientes generales son producidos por los Maestros y las Maestras, aquellos seres que son la Tradición personificada, guías espirituales de la humanidad. Sus enseñanzas, si son estudiadas, comprendidas y experimentadas desde el ámbito de la Conciencia, son transformadoras. Nos guían hacia la dimensión ontológica del ser humano, significando una contribución a la revolución interior particular, aquella que realmente perdura y beneficia a todos los seres.

Los Maestros y las Maestras son quienes salieron de la influencia directa de la Ley General para someterse a la Ley de Excepción, que es la Ley de los que emprenden el Camino. «La Ley de Excepción, dice Mouravieff, es también una ley divina: eligiéndola, el hombre sirve también al interés del conjunto, de otro modo, pero en forma incomparablemente más eficaz». El Camino del Autoconocimiento revierte el descenso natural del cuerpo y la psique dentro del Samsara para ascender por la Escalera de la Iniciación y así recuperar el Paraíso Perdido. Volviendo de nuevo a Mouravieff:

«Repitámoslo, porque es importante: el trabajo esotérico, por su naturaleza, es un trabajo revolucionario. El buscador aspira a cambiar de estatus, a vencer la Muerte y alcanzar la Salvación. Tal es el objetivo dado a este trabajo por el Evangelio y los Apóstoles. Como lo dice San Pablo: «Si vivís según la carne, moriréis». Pero, por otra parte, no olvidemos que ha dicho: «No moriremos todos, sino que todos seremos transformados.»

Nos remitimos aquí a la enseñanza que nos indica que hemos de «estar en el mundo sin ser del mundo». Vivir las circunstancias, las relaciones con los demás y el entorno, cumplir con el cuidado de nuestros semejantes y ganarse el sustento, etc., pero sin olvidarse de que nuestro fin en la existencia es otro que va mucho más allá.

Como hemos visto, salir de la Ley General es un movimiento interior, no exterior. Podemos tener nuestras necesidades cubiertas, buenos empleos y haber creado una familia. La cuestión es no olvidarse de lo realmente importante.

La Rosacruz

Vamos a hablar de un símbolo que incluso da nombre a una orden hermética. Existen multitud de interpretaciones de este símbolo, y nosotros trataremos uno de ellos dentro del contexto de la presente exposición.

La vida vertical y la vida horizontal se cruzan inevitablemente para las personas que vivimos dentro de la sociedades.

En la vida horizontal, como ya hemos dicho, encontramos el gimnasio psicológico que nos proporciona trabajo interior. No es necesario marcharse a ningún lugar para hallar al Espíritu. Se trata, como dicen los taoístas, de ver el Tao en la palma de la mano y en todos los seres. Todo es Espíritu en diferentes grados y densidades.

Teniendo presente el entrecruzamiento entre ambos tipos de vida, rápidamente viene a nuestras miradas el símbolo de la cruz. Y en el centro de la cruz, en el cruce de las líneas de la vida, estamos nosotros. Si trabajamos internamente con ahínco ubicados en la vida vertical viviendo en la vida horizontal, el Alma florecerá con sus virtudes y capacidades. Ése florecimiento se representa con una rosa en el centro de la cruz.

La rosacruz nos indica que la vida espiritual es practicable en todo terreno de la existencia. Si avanzamos con paciencia, constancia y confianza en el Camino del Autoconocimiento, descubriremos al Espíritu allá donde vayamos, en cualquier cosa que miremos. Ése es el encuentro con la auténtica Belleza, el brillo y Presencia de lo Divino en Todo y todos, sin distinción. Es la pura participación en la Unidad Múltiple que es la Creación, la vida y práctica del Amor, el reencuentro con lo que Es.

Notas: 

No criticamos el hecho de tener hijos, sino el motivo por el cual se tienen.

2 El hombe o ser humano exterior es quien tiene la conciencia dormida y no trabaja por el Despertar.

3 En realidad la gnosis de las Religiones del Libro tienen aproximadamente los mismos principios de estudio, práctica y encuentro con lo sagrado. En el sufismo también existe una profunda Ciencia de las Letras, y tanto en el Cristianismo esotérico y la Cábala hallamos un fuerte componente místico; también en las tres líneas esotéricas de las religiones mencionadas la hermenéutica espiritual es un componente vital en sus fundamentos.

4 Silsila y Fenomenología en Abenarabí. Pag. 47-63. En: Shuhud Ashiqaneh. Teherán. Intisharat Jihan Farhang. 2005.

5 Esta lista es ex professo para recomendar a los autores citados.

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